viernes, 26 de junio de 2009

Congregación vs. Ministerios

Hace tiempo en mi concregación se están organizando cursos de sonido y multimedia. Me parecen sumamente interesantes porque ayudan a las personas a manejar básicamente ciertos aparatos tecnológico.
También hace unos meses se desarrollan cursos de noviazgo, para parejas que estan ennoviadas y aspiran a llegar al matrimonio. Esta serie de charlas tienen un alto valor en su contenido y permiten a las parejas saber si están yendo por buen camino.
Ambos cursos se desarrollan en las aulas de la congregación, para lo cual basta con un mínimo permiso y están disponibles para su uso.
Sin embargo, en los últimos días hubo problemas para realizar el curso de noviazgo en una de las aulas, por una disputa interna con las autoridades de la iglesia. El motivo es la "competencia" que este curso le genera a los pastores-consejeros y ellos se sienten amenazados por el éxito que este curso está teniendo.
Este hecho me hace reflexionar sobre dos cuestiones importantes para el crecimiento de cualquier congregación cristiana:
1- La dependencia física que tienen los ministerios de las congregaciones
2- La disputa entre congregaciónes y ministerios
El primer problema es algo muy frecuente. Tenemos nuestros ministerios construidos sobre nuestras congregaciones. Hacemos nuestros cursos, eventos y hasta publicidades dentro de las congregaciones. Dependemos demasiado de ellas y cuando aparece una decisión negativa de estas hacia nuestros ministerios, todo se complica.
Deberíamos intentar independizar el ministerio de la congregación, al menos lo máximo que se pueda. No es sano para la congregación mezclar cuestiones eclesiales con cuestiones ministeriales. La primera obedece al interés de todo el cuerpo de Cristo. La segunda se orienta más a misiones encomendadas por Dios a personas para extender su reino, buscando acercar a otras personas por diversos medios a que se unan al cuerpo de Cristo. Estas definiciones no son teológicas. Son solo formas descriptivas que se me ocurren para demarcar ambos intereses.
Los ministerios que logran desprenderse de la dependencia a las congregaciones son las perseveran en el tiempo. ¿Por qué? Simplemente porque se ven obligadas a buscar sus propios recursos materiales, financieros y humanos para cumplir con la misión que Dios les encomendó. Sin esa independencia solo se confunde a la congregación. La gente no sabe quién seguirle: al ministerio o al pastor de la congregación. Muchas veces esto genera rencillas y roces y puede llevar a la debacle a una congregación y a un ministerio.
Sin querer quieriéndolo, ya me adentré en el segundo tema. Una cosa lleva a la otra y esta no es la excepción. Entre ministerios y congregaciones hay mucha envidia y celos. Algunos creen que hasta es una competencia por "quien lleva más gente a tal evento" o "quien recauda más en tal concierto".
E increiblemente las congregaciones mal dirigidas por pastores que ofician de administradores (en otra entrada me inpiraré para hablar sobre esto) se prenden en la lucha por quién tiene más éxito numérico-financiero.
Las congregaciones no están para ese juego. Viven y coexisten para GANAR ALMAS. Esa es la misión fundamental de la Iglesia de Cristo, con I mayúscula. Los ministerios tampoco deberían competir. Todos nacen y se hacen para cumplir el propósito que Dios le dio a cada persona, el modo de servir. También sirven para ganar almas, claro que si, pero deben depositar esas almas ganadas en la Iglesia de Cristo, sea cual sea la congregación. Esa es la misión de los ministerios.
Insisto, no estudie teología, no soy un experto bíblico, pero es lo creo que Dios me hizo entender sobre este tema. Jesucristo vuelve y espera encontrar una (1, no 2) Iglesia, con I máyuscula y sin "s" al final, UNIDA

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