viernes, 10 de julio de 2009

Feli$idad o felicidad

Ayer estaba metido en una discusión entre un amigo y una amiga sobre (lastimosamente) Elite Activity. Mi amiga tenía bien en claro lo que es esa organización y el perjuicio que causa a las personas (aunque ellas crean que les benefi$ia). Mi amigo estaba defendiendo a capa y espada su fuente de ingresos alternativos, que es Elite. Vale aclarar que ambos amigos son cristianos de cuna, asisten a una célula hace más de 10 años y tienen una larga trayectoria de actividades en la congregación.

Mi amigo, en un momento dijo algo que me dejó impactado: “yo estoy muy felizzzz!!!$$$”. Inmediatamente empecé a reflexionar sobre esa frase. Fue tan chocante, tan inesperada, tan fuera de lugar. Es como si todo lo que uno no quisiera que ocurra con una persona, ocurre.

Personalmente tengo que decir que desde muy pequeño mis padres me enseñaron que el dinero no hace a la felicidad y que tener o no mayor poder adquisitivo no debe ser generarme más ni menos alegría. Sin embargo, también me enseñaron que si uno tiene un alto nivel socioeconómico, debe ser responsable con ese caudal de dinero que maneja. No malgastarlo en cosas superficiales, beneficiar siempre a la familia antes que nada y no dejar de esforzarse para producir más ingresos porque así está programado el ser humano.

No voy a dejar de reconocer positivamente a mis padres. Son ejemplares y me inculcaron bien sus principios y los principios de la palabra de Dios. Y años después me doy cuenta que ellos siguen y seguirán teniendo razón. Definitivamente tienen razón: el dinero no garantiza la felicidad de ningún ser humano. Ni hasta del más avaro.

Sin embargo, hay personas que piensan diferente, o que simplemente no piensan. Cuando este amigo me expreso su felicidad por los ingresos que estaba obteniendo con esta organización de estafadora, quedé pasmado por su concepto de felicidad. Pero más que por eso, me impresionó que sea él quien lo exprese. Estamos hablando de años y años de cristianismo, de ministerios relativamente exitosos, de oración, de relación con Dios aparente (porque uno no puede saber lo que hay en lo secreto). O sea, es una persona que hace años está en la congregación y tiene prestigio ganado por el desarrollo de su ministerio y su carisma.

Estamos hablando de una persona que ha terminado la escuela de líderes, que ha estado en congresos internacionales de liderazgo y finanzas, que ha sido instruido correctamente en los principios de la palabra, al menos dentro de la congregación. Entonces ¿cómo puede hacerse la idea que es feliz por el dinero que gana? No digo que el aumento de ingresos no tenga que generarnos alegría. Yo me sentiría feliz si mis jefes me aumentan el sueldo. Pero de ninguna manera esa es la fuente de mi felicidad ni tampoco ando haciendo alarde de eso. Yo no necesito colgarme un cartel al cuello que diga: “Soy feli$”, para que la gente sepa que soy un ser humano alegre financieramente hablando. Tampoco voy a gritarle a todo el mundo si me aumentaron o me disminuyeron el sueldo, si gano más o gano menos, porque eso es cuestión de cada uno. Y mucho menos voy a asumir que la fuente de la felicidad humana es el dinero, porque es todo lo contrario. La palabra de Dios dice que: “El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. Eclesiastés 5:10. La Biblia también dice en 1 Timoteo 6:10: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron en la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”

Entonces, debemos tener en cuenta eso para elevar o modificar nuestro concepto o parámetro de felicidad. La verdadera alegría, el gozo y la felicidad vienen de Dios, como fruto de su Espíritu Santo en nuestros corazones. Esa felicidad no se va, ni se quiebra porque se sobrepone a cualquier adversidad. Con el fuego del Espíritu, tranquilamente podremos mirar atrás y ver que hemos pasado por diferentes circunstancias, positivas o negativas y que en todo Dios se mantuvo fiel. Nos daremos cuenta que felicidad no ha sido modificada sino potenciada y que cada día que despertamos debemos ser agradecidos a Dios y no al dinero. Entenderemos que nuestra felicidad no depende de resultados terrenales. Eso es felicidad y no feli$idad.

viernes, 3 de julio de 2009

¿A donde fueron todos los servidores?

Días pasados estuve haciendo memoria de tiempos anteriores. Una de las etapas más felices de mi vida fue cuando empecé a servir en la iglesia. Yo era un caradura, me escurría entre los empleados de la congregación para poder aprender sus destrezas en diferentes campos.

A veces ellos me caían mal, otras veces yo les caía mal. No es para menos, yo era un adolescente. Me encantaba ir cada tarde a la iglesia y preguntarle a uno de mis amigos: ¿en que puedo servirte? ¿te ayudo en algo? Gracias a Dios este amigo mío siempre necesitaba una mano con sus tareas en la congregación y me permitía ayudarle.

A veces yo me equivocaba, cometía errores y él me corregía. Otras veces, las pifiadas eran de mi amigo y quien oficiaba de corrector era yo. Nos complementábamos bien y a la par estábamos aprendiendo.

Y la palabra que resume todo este relato es servicio.

Estaba apasionado por servir, por servirle a la congregación, a Dios, a mis amigos y a la persona que me permitía hacerlo. Me llenaba de alegría mostrar mi talento y desarrollarlo en una congregación (aunque lo que hacía no era muy visible). Vivía feliz en una congregación que me dejaba crecer, equivocarme y corregir mis errores.

¿No es esta la Iglesia que deberíamos tener todos?

Pero este no es objeto de esta entrada. La incógnita sobre la que estuve reflexionando no tiene que ver con el espacio para servir, sino con los mismos servidores. ¿A donde fueron los servidores? ¿Que pasó con ellos?

Por razones de tiempo, ministeriales y orden de Dios, tuve que dejar de servir en la iglesia de la forma en que estaba sirviendo. Tranquilos, no es nada negativo. Dios me quiso llevar a otro servicio. Pero hoy, varios años después de haber estado dentro de ese círculo de aprendizaje y desarrollo de talentos, miro y veo que nadie asoma. ¿Acaso nadie quiere servir? Es la pregunta que me hago y no encuentro respuestas. Nadie se ha acercado en varios años a suplir el lugar que yo tenía ni a desplazarme.

¿Qué pasa con los cristianos? pareciera que cada vez servimos menos. No queremos trabajar gratis, no queremos servirle a nuestra congregación. No nos damos cuenta que haciéndolo desarrollamos nuestros talentos físicos, mentales y espirituales.

Me asombra que ya no hay gente así, o al menos no la veo. No veo a un chico de 12, 13 o 14 años acercarse a los líderes y preguntar: ¿En qué puedo ayudarte? Y lo digo porque ¡soy líder! ¡Dios mío! ¿tanto pudo haber cambiado el mundo en estos años que pasaron? Recuerdo que en mi célula siempre estábamos dispuestos a ayudar, apoyar, organizar y creer en todo lo que nuestro líder nos proponga. ¡Y ni qué decir con nuestro pastor! Recuerdo que cada fin de semana teníamos una idea nueva para nuestra red y tras muchas idas y vueltas concretábamos nuestras propuestas.

Pero ¿qué ha pasado con esos adolescentes atrevidos, que durante los fines de semana se animaban a bajar el reino de Dios del cielo a las calles? ¿a donde fueron esos chicos y chicas que organizaban tardes y noches de talentos en las que, con calidad o sin ella, le regalaban sus mejores dones al Señor? ¿Qué ha ocurrido con ese espíritu de servicio que antes los cristianos (preferentemente jóvenes y adolescentes) teníamos y hoy se ha esfumado?

Sé que hay personas que sirven en sus congregaciones, me consta, pero son pocos los que contribuyen a paliar este déficit en servicio que hay en las iglesias cristianas. Esta no es una crítica contra los que sirven. Es contra aquellos que, durante los fines de semana, van de paseo a la congregación.

Posiblemente las congregaciones se han vuelto más estrictas, legalistas, pragmáticas y complicadas, pero esas no son excusas para no servir dentro de ellas. Mi mejor ejemplo siempre son mis padres y me enorgullezco de eso porque la mayoría de los cristianos no han tenido padres y madres que juntos sirvan en la iglesia.

Y no nos olvidemos de nuestro máximo servidor, aquel que limpió los pies de discípulos. Él sabía mucho de servicio.

jueves, 2 de julio de 2009

¡Cállate, ahora es mi turno!

Marcos Vidal - Buscadme y viviréis

Cada vez mas violencia
más maldad en la tierra
parece que el amor
ha muerto la locura
reina sobre la humanidad.

Jóvenes acabados
niños abandonados
a precio de placer
y decidiendo solo el interés.

¿Dónde queda la justicia y la venganza
dónde quedan el castigo y la razón?
¿Por qué callas Tú Señor y nos olvidas?
¿Cómo puedes permitir tanto dolor?
¿Dime donde está aquel Dios el Dios de Elías
que de vez en cuando se dejaba oír?
¿Cuánto tardará aún tu Espíritu en venir...?

Necios como niños,
torpes cachorrillos,
como nos gusta jugar
y nos gusta preguntar
aquello que hace tiempo sabemos ya.

Dios aún sigue hablando
sigue aún contestando
y aquel que quiere oír
aún puede percibir Su voz de amor.

Cómo puedo Yo derramar de mi Espíritu
si mis hijos no se vuelven hacia a mi,
ahora cíñete como un varón valiente,
Yo hablaré y tu me contestarás a mi
¿dónde están aquellos hombres como Elías
que dejaron todo por seguirme a mi,
que rompieron compromisos
sólo por agradarme a mi,
donde están aquellos tres que en Babilonia
prefirieron ser quemados a ceder?
¿Dónde esta aquel Daniel que me adoraba?
¿Dónde esta la santidad de aquel José?
¿Dónde esta ese niño que mató al gigante?
¿Dónde están los sucesores de Josué?
¿Donde están esas mujeres entregadas como Ester?

Jóvenes acabados
niños abandonados
a precio de placer
y pagan el inocentes
los errores de otros en el ayer....

Si mi pueblo se volviese y me buscase
renovando así su entrega y su fe,
si me amasen como aman sus caminos,
si olvidasen los rencores del ayer,
Yo abriría las ventanas de los cielos
y la tierra hoy vería mi poder,
mientras tanto aún repito como antaño:
buscadme y viviréis.

Pocas canciones me han conmovido tanto como esta. Es una de las únicas melodías que me ha hecho derramar lágrimas. Hay tantas verdades, secretos, críticas, reflexiones, en esta canción. Es muy rica. No quiero enfocarme en la parte musical, porque no soy músico. Quiero hablar de la letra y el espíritu de esta canción.

La primera estrofa es una descripción de la situación social y espiritual del mundo actual (y no tan actual también). Es una fotografía de nuestras sociedades latinoamericanas.

El secreto comienza en la segunda estrofa. El ser humano empieza a preguntarle a Dios, a comunicarse con él, a reclamarle (típica actitud nuestra), a exigir que "aparezca". Estas palabras están llenas de verdades y me siento muy identificado con ellas. ¡Cuántas veces he actuado así! ¡Cuántas veces le pregunté a Dios por qué Él calla y se olvida de mí!

Los siguientes versos representan el comentario del autor de la canción. Es el propio Marcos Vidal hablando, cantando su sentir. Tiene mucha razón cuando nos compara con torpes cachorrillos. Somos así, inofensivos pero torpes, ingénuos e indefensos. Y con eso nos atrevemos a enfrentar a Dios.

La cuarta estrofa es, al menos para mí, la más fuerte de todas. Es tremenda, impactante, es el propio Dios hablando y respondiéndole las quejas a la humanidad. Es nuestro Señor diciéndonos todo lo que siente y quiere de nosotros. Es Jehová retrucando nuestros reclamos y haciéndonos ver que, en comparación con personajes bíblicos, no estamos a la altura de lo que Él busca. Tiene razón nuestro Señor, porque si tan solo le buscásemos como otros lo han hecho, sin dudas cambiaríamos nuestros mundos particulares y el mundo. Me conmueve mucho cuando Dios dice: "yo hablaré y tu me contestarás a mi". En otras palabras dice: "Cállate, ahora es mi turno de descargarme y decirte lo que YO siento sobre ustedes. Luego de eso respóndeme".

El quinto grupo de versos es una insistencia del ser humano. Duros de corazón y tercos, volvemos a decirle y reclamarle a Dios. Es como si nunca aprendemos la lección. Como si lo que Dios hablara pronto olvidamos.

La última estrofa me atrevo a decir que es un lamento de Dios. Un lamento divino pero casi tan humano: "si me amasen...", "si olvidasen...". Mis queridos hermanos, si le hiciésemos (lamento humano) caso en todo, esta entrada del blog no me emocionaría. Pero lastimosamente no cumplimos el requisito principal de nuestro Señor: buscarle.

Buscadme y viviréis es más que solamente una canción. Es una orden desesperada pero amorosa de Dios para con la humanidad. Hagámosle caso: busquémosle y vivamos.

miércoles, 1 de julio de 2009

Cambio de dirección

Tengo que anunciarles que me vi obligado a cambiar la dirección del blog por cuestiones administrativas. Espero que no les cause demasiadas molestias el guión intermedio entre mi identidad y lo que hago. Esta medida es temporal y en breve la antigua dirección ya estará disponible de vuelta. Disculpen las molestias.
Le agradezco mucho a las personas que acercaron sus felicitaciones por las entradas del blog y los temas. Gracias de verdad, pero les animo a que puedan abrir sus propios blogs, emitir sus opiniones, reflexionar, criticar y con eso construir la Iglesia, con "i" mayúscula que Cristo viene a buscar.
Cristito sigue hablando y cada vez más fuerte.